IEDGE – Coaching Emocional, sentir el pensamiento y pensar el sentimiento


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La paciencia es un rasgo de la personalidad madura, siendo la capacidad para soportar situaciones de incertidumbre, o no deseadas, sin alterarse.  Si bien es cierto que ésta capacidad está relacionada con el temperamento, ante circunstancias adversas es cuando tiene que ejercerse el autocontrol. No siempre tenemos la mejor actitud para enfrentar de buen talante las diferentes circunstancias de la vida, con lo cual en la mayoría de los casos vemos las cosas desde una perspectiva menos halagadora de la que en realidad tienen. En una sociedad como la actual donde se vive de prisa, la paciencia puede parecer fuera de lugar, ya que todo tiene que ser “rápido”. “Hay que sentir el pensamiento y pensar el sentimiento”.

 A pesar de que los seres humanos somos racionales -cuando no nos gobernamos-  terminamos con desbordamientos emocionales y con la angustia de no saber cómo vamos a reaccionar. Para las personas impacientes la vida puede convertirse en una guerra, en la que la frustración se traduce en agresividad con uno mismo y con los demás. Si el sentir es involuntario, es en el consentir donde podemos plantear la diferencia. No hay que consentir la envidia, el deseo de venganza, el miedo, etc. La trampa se presenta dado que toda emoción destructiva tiene también una intención positiva para la persona en ese momento, porque canaliza una sensación que reprime.


A la postre,  estas emociones extremas pueden socavar las decisiones racionales, aún cuando el individuo sea consciente de la necesidad de tomarlas de forma detenida. Sabemos ahora que el comportamiento humano no está únicamente controlado por la deliberación o bien por la emoción, sino por los resultados de la interacción de estos dos elementos, por lo tanto, como ya lo he puntualizado en diversas ocasiones, la emoción inteligente permite dirigir de forma racional las emociones. Y como todo proceso emocional, para ejercer la paciencia se debe tener el genuino interés por cambiar. Lo primero, reconocer cuando se carece de ella y detectar los signos previos a la desesperación, como alzar la voz, hablar más rápido o sonrojarse. En esos momentos hay que detenerse, guardar silencio, respirar, tomar unos minutos y volver a la situación. Posterior a esto viene la negociación, en donde se deben plantear soluciones y expresar los puntos de vista con un interés real de llegar a un acuerdo. El sistema emotivo junto al racional deben hacer un balance y decidir cuál opción es la mejor.Tolerar la frustración y saber esperar es posible.

Y como atinadamente desde la infancia nuestros padres y maestros nos repetían ¡Pon atención! Para ser pacientes solo se trata de despertar y hacernos más conscientes del momento en que vivimos, tener la fuerza para templar nuestras reacciones y tomar decisiones prudentes.

¡Espero sus comentarios!  

Silvia Ahumada (@silvia_ahumada)

Profesora de Dirección de Personas

Nota: Para aprender de una forma práctica y rápida sobre éstos conceptos, le invitamos a que consulte la Especialidad Europea en Dirección de Personas.

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Fuentes: Notas del Autor