IEDGE – Emoción Inteligente


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Escribir de emociones se ha puesto de “moda”, no solo entre autores de manuales de autoayuda, también entre investigadores con rigurosas credenciales. Luis Rojas Marcos, director de los servicios de salud mental de Nueva York, lo describió en frase sintética: “Vivimos mejor pero nos sentimos peor” ¿Tiene algo que ver con la invitación a maximizar la competitividad en la vida? -Ser competente antes que competidor- en ésta confusión de significados y por tanto de aspiraciones y objetivos puede encontrarse alguna causa de la extendida “epidemia de frustración”, reacción común en ésta época postmoderna. Desde que Daniel Goleman introdujo el concepto de “Inteligencia emocional” se han presentado diversas opiniones encaminadas a cuestionar el tema del efecto de las emociones en nuestros procesos racionales. Más que inteligencia emocional, considero que

debemos aplicar la “Emoción Inteligente”.

La capacidad del individuo para dirigir sus emociones. Y esa capacidad responde a un proceso humano fisiológico. El cerebro regula prácticamente cada una de las funciones del metabolismo y su equilibrio químico. Desde el sistema nervioso hasta la actividad sexual pasando por miles de actividades, el cerebro es el que manda, y está constantemente creando, guiando, regulando, equilibrando y manteniendo todo el organismo a cada momento del día. La medicina ha descubierto que cuando se tiene un pensamiento, el cerebro produce sustancias que abren lo que se podría llamar una ventana.

Cuando el pensamiento concluye, la ventana se cierra. Cuando la persona siente amor, esa “sensación” en realidad es una sustancia química. Esas sustancias segregadas por el cerebro se llaman Neuropéptidos. Dicho de otra forma, el enemigo más temido para el organismo no son los microbios…sino los pensamientos y las palabras de cada día. Es más: hay un nutriente de efectos terapéuticos más eficaz que las vitaminas, los minerales, las enzimas, los jugos naturales y las hierbas medicinales. “Las emociones positivas” (que se manifiestan como sentimientos de amor, alegría, paz interior, etc.)

Cuando se tiene un pensamiento positivo, el cerebro inicia la producción y asimilación de neuropéptidos. En la membrana de cada uno de los linfocitos que defienden el cuerpo de bacterias, virus, hongos, parásitos y cáncer —de hecho, de TODA enfermedad— hay un punto concreto de carga que reciben los neuropéptidos. Las células del sistema inmunológico, como todas las demás, tienen estaciones de descarga en su membrana para asimilar diversas sustancias. El sistema inmunológico se pasa el tiempo escuchando nuestros monólogos interiores mientras que ninguna célula ni órgano ni ningún otro aparato del organismo monitorea a otro si no está preparado para responder a la información que obtiene. ¡Es tan fácil inventarse temores! En conclusión, las células que defienden el organismo tienen puntos concretos de recepción de neuropéptidos, las sustancias que produce el cerebro con cada pensamiento.

Y la respuesta de esas células a los gérmenes patógenos varía dependiendo de que se fortalezca, se debilite o deje de funcionar totalmente a causa de esas sustancias. La respuesta del sistema inmune está condicionada por los pensamientos. El sistema inmune no solo escucha, sino que reacciona al diálogo emocional y por ende se fortalece o se debilita. El reto entonces es evitar las enfermedades generando pensamientos positivos, “Emociones Inteligentes”.

Silvia Ahumada (@silvia_ahumada)

Profesora de Dirección de Personas

Nota: Le invito a que consulte la Especialidad Europea en Dirección de Personas

* Los contenidos publicados en este post son responsabilidad exclusiva del Autor.