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IEDGE- El Empresario Pigmalión: la Influencia en los resultados


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Cuenta una leyenda mitológica griega que el Rey Pigmalión esculpió una estatua con la figura ideal de una mujer. A Pigmalión le gustó tanto su obra que quiso que se convirtiera en un ser real. El deseo fue tan profundo que hizo todo lo que pudo para conseguirlo. Pidió ayuda a Venus Afrodita, la diosa del amor, la cual colaboró en que su sueño se hiciera realidad. Así nació Galatea, su mujer ideal.

Cuando alguien anticipa un hecho, existen muchas probabilidades de que se cumpla. A este fenómeno en Psicología Social se le llama: “Realización automática de las predicciones”; también se le conoce como “El Efecto Pigmalión, o la profecía que se cumple a sí misma”. “El Efecto Pigmalión” requiere de tres aspectos: Creer firmemente en un hecho, tener la expectativa de que se va a cumplir y acompañar con mensajes que animen su consecución.

Como se ve, la única diferencia verdadera que hay entre un repartidor de periódicos y un “Caballero”, aparte de los elementos que cualquiera puede observar (la forma de vestir, la forma de hablar), no está en la manera de comportarse sino en la forma de ser tratado. Para cualquier persona el repartidor de periódicos siempre será un repartidor de periódicos porque lo trata siempre como tal y siempre lo hará. Pero puede ser que para alguna otra persona pueda llegar a ser un “Caballero” si así es tratado por esa persona. En definitiva todas  las personas nos comportamos según como nos tratan.

httpv://www.youtube.com/watch?v=FI6WGiDhse4

En los negocios las creencias y expectativas de los empresarios  afectan la conducta de sus colaboradores de forma directa. La base que da fundamento a unas expectativas reales elevadas es claramente la opinión  que tiene una persona respecto a su capacidad para formar y motivar a sus colaboradores. Hay directivos que tratan siempre a sus colaboradores de una forma que les lleva a dar mejores resultados. Pero desafortunadamente la mayoría de los jefes, sin pretenderlo, tratan a sus colaboradores de una forma tal que su rendimiento es inferior al que pueden alcanzar. La forma de tratar de un directivo a sus colaboradores está influenciada por las expectativas que dicho directivo se forja respecto a ellos. Si las expectativas son altas la productividad será sin duda excelente. Si las expectativas son bajas, es muy probable que la productividad alcanzada también sea baja. En todos los años que tengo de analizar el comportamiento empresarial  nos hemos percatado que existe un patrón que actúa como Ley,  que influye directamente en el rendimiento de los colaboradores, haciendo que los resultados se ajusten a las expectativas de su jefe:

  1. Lo que una persona espera de sus colaboradores y la forma que tenga de tratarlos y relacionarse con ellos determina en gran medida su rendimiento y trayectoria profesional.
  2. La capacidad para crear expectativas de rendimiento elevadas es una capacidad que pocos directivos logran a través de los años.
  3. Los directivos menos eficientes no saben desarrollar unas expectativas similares y, en consecuencia, los resultados de sus equipos son bajos.
  4. Es muy común que los colaboradores hagan lo que ellos piensan que se espera que hagan.

Así pues ante unas expectativas bajas un directivo no puede evitar este ciclo depresivo que se origina en sus colaboradores. A un directivo que piense que el rendimiento de su equipo va a ser mediocre, le será prácticamente imposible ocultar su impresión, ya que esté mensaje se comunica sin querer, sin ninguna acción consciente de su parte. Por ejemplo, si se muestra frío y poco comunicativo con alguno de sus colaboradores, suele querer decir normalmente que está disgustado con él o que piensa que no hay nada que hacer. El silencio en el trato comunica y desata en la mayoría de las ocasiones una emoción negativa con mucha más eficacia incluso que una discusión o pelea. Lo que tiene una gran importancia en la comunicación de una expectativa no es precisamente lo que diga el jefe, sino la manera en que se comporta ante tal situación. El trato indiferente y distante sirve precisamente para comunicar unas expectativas bajas y, en consecuencia, origina un rendimiento bajo. La diferencia entre colaboradores con rendimiento bueno y malo no está en cuánto les pagan sino en cómo son tratados.

El reto que tenemos para generar productividad en las empresas es crear una cultura de trabajo en donde se conciban expectativas elevadas y consistencia en el comportamiento para lograrlas. Dicho de otra forma, la obtención de buenos resultados y la confianza en la capacidad son los factores que permiten crear en el directivo y en los equipos de trabajo expectativas elevadas. Por consiguiente los colaboradores aceptarán estas expectativas como realistas y trabajarán duro por conseguirlas.

Todos los empresarios o personas que tengan equipos de trabajo a su cargo pueden aprender a tratar a sus colaboradores de manera que alcancen expectativas mutuas de rendimiento máximo. Las empresas más eficaces siempre lo hacen.

¡Espero sus comentarios!

 Silvia Ahumada (@silvia_ahumada)

Profesora de Dirección de Personas

Nota: Para aprender de una forma práctica y rápida sobre éstos conceptos, le invitamos a que consulte la Especialidad Europea en Dirección de Personas.

 

* Los contenidos publicados en este post son responsabilidad exclusiva del Autor.

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